¿Sabías que la pasta de ayer, fría en la nevera, no es exactamente igual que la que acabas de cocer? Al enfriarse, parte de su almidón cambia de forma y se convierte en lo que se llama almidón resistente. Pasa con la pasta, las patatas y el arroz, y es la base del famoso tupper del día siguiente. Te contamos qué se sabe, qué no y cómo hacerlo en casa con seguridad.
¿Qué es el almidón resistente?
Cuando cocinas pasta o patatas, el calor gelatiniza el almidón y lo hace fácil de digerir. Si después ese almidón cocinado se enfría en la nevera durante varias horas, parte de él se reorganiza: se retrograda y forma almidón resistente. Se llama así porque no se digiere del todo en el intestino delgado y llega al intestino grueso, como pasa con parte de la fibra.
¿Cuánto cambia de verdad?
Menos de lo que se suele leer. Las cifras de «la mitad de calorías» que circulan por internet no salen de ninguna fuente oficial. En la Unión Europea hay una declaración autorizada según la cual sustituir almidones digeribles por almidones resistentes en una comida contribuye a reducir la subida de glucosa en sangre después de comer, pero solo se puede usar en alimentos en los que el almidón resistente supone al menos el 14 % del almidón total. En un plato de pasta o patatas hecho en casa no hay forma de saber cuánto se ha formado, así que tómalo como una curiosidad de cocina, no como un truco para adelgazar ni para controlar la glucosa.
El protocolo: cómo aplicarlo en casa
- Cuece normalmente tu pasta, arroz o patatas — sin cambios en la receta habitual.
- Enfría completamente en la nevera durante un mínimo de 12 horas: es la forma más cómoda de hacerlo en casa, porque lo cueces un día y lo comes al siguiente. Mételo en la nevera cuanto antes, como mucho 2 horas después de cocinarlo, en recipientes cerrados y sin apilarlos, como recomienda la AESAN. El tupper del día siguiente es tu aliado.
- Recalienta cuando quieras. Algunos estudios han visto que el almidón resistente no desaparece al recalentar. Eso sí, recalienta hasta que esté bien caliente por dentro: la AESAN recomienda llegar al menos a 74 °C durante 15 segundos.
- El frío es el paso clave. No hay atajo: el almidón necesita horas de frío para retrogradar, así que no vale con enfriarlo un rato en el congelador.
¿Y el aceite de oliva en el agua de cocción?
Seguro que lo has leído: un chorrito de aceite en el agua de cocción aumentaría el almidón resistente. No hay ninguna fuente oficial que lo respalde, así que no lo tomes como un truco de salud. Lo que sí funciona en la cocina es aliñar con aceite de oliva virgen extra la pasta del día siguiente y comerla fría, en ensalada: es un clásico del tupper.
¿Para quién tiene sentido?
- Quien cocina para varios días: la pasta, el arroz o las patatas del domingo sirven para el lunes.
- Quien quiere aprovechar las sobras en ensaladas frías, salteados o tortillas.
- Si tienes diabetes o resistencia a la insulina, nada de esto sustituye a las indicaciones de tu médico o de tu dietista-nutricionista. Consúltalo antes de cambiar tu alimentación.
No todos los almidones se comportan igual, y el de la pasta de ayer es un buen ejemplo. La pasta del día anterior no es un recurso de vagos: es una forma práctica de cocinar. Haz el tupper, guárdalo bien y disfrútalo.