Gambas al Ajillo Tradicionales en Cazuela de Barro con Guindilla
El estandarte dorado del tapeo español. Colas de gambas frescas sumergidas en un aceite de oliva virgen extra hirviente con láminas de ajo doradas y un toque ardiente de guindilla cayena. Servidas directamente a la mesa en su cazuela de barro burbujeante con una hogaza de pan crujiente para mojar sin tregua.
Ingredientes
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400 g Gambas frescas peladas
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6 unidad/es Dientes de ajo
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150 ml Aceite de oliva virgen extra de calidad
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2 unidad/es Guindillas secas de cayena
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1 cda Perejil fresco recién picado
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Sal fina marina al gusto
Preparación paso a paso
Sigue las instrucciones detalladas para conseguir el mejor resultado.
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1
Preparación minuciosa: pelar las gambas asegurándote de secarlas muy bien con papel de cocina (si tienen humedad enfriarán el aceite y soltarán agua en lugar de freírse). Pelar los 6 dientes de ajo y cortarlos en láminas regulares no demasiado finas para que no se quemen antes de tiempo. Cortar las guindillas en aros o dejarlas enteras según el nivel de picante deseado.
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2
Infusión del aceite y dorado del ajo: poner la cazuela de barro directamente sobre el fuego o en una sartén honda. Verter los 150 ml de aceite de oliva junto con el ajo laminado y la guindilla en frío. Subir a fuego medio para que el ajo vaya infusionando el aceite lentamente y comience a dorarse de manera uniforme sin tostarse en exceso.
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3
Entrada triunfal de las gambas: cuando las láminas de ajo tomen un color rubio claro y empiecen a flotar chisporroteando, añadir una pizca de sal e incorporar todas las gambas de golpe bien secas.
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4
Cocción relámpago de 90 segundos: remover suavemente con una cuchara de madera durante apenas 1 minuto y medio a fuego vivo. Las gambas cambiarán rápidamente de translúcidas a un tono rosa nacarado y prieto. Apagar el fuego de inmediato: el calor residual de la cazuela de barro terminará de cocinarlas en su punto exacto sin resecarlas.
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5
Servicio humeante a la mesa: espolvorear el perejil fresco picado por encima y llevar la cazuela a la mesa aún hirviendo sobre un salvamanteles. Servir al instante acompañada de abundante pan de corteza dura para rebañar el aceite aromatizado.
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