Tarta de la Abuela Tradicional de Galletas, Crema y Chocolate
La auténtica tarta de la abuela es el dulce más entrañable y celebrado de nuestra repostería casera. Sin necesidad de horno, esta joya tradicional intercala pisos de galletas María doradas —humedecidas con mimo en leche infusionada con canela y limón— con una crema pastelera suave de vainilla y una cobertura brillante de ganache de chocolate negro fundido. Un postre cremoso, tierno y con el punto nostálgico perfecto que conquista a grandes y pequeños en cualquier sobremesa.
Ingredientes
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250 g Galletas María tostadas cuadradas o redondas
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800 ml Leche entera para la crema y el remojo
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4 unidad/es Yemas de huevo frescas
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100 g Azúcar blanco
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45 g Almidón de maíz (maicena)
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1 unidad/es Rama de canela en rama
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1 unidad/es Piel de limón sin parte blanca
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1 cdta Esencia o extracto de vainilla
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200 g Chocolate negro para postres 70% troceado
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180 ml Nata para montar 35% materia grasa
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40 g Mantequilla sin sal a temperatura ambiente
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Virutas o ralladura de chocolate negro para coronar al gusto
Preparación paso a paso
Sigue las instrucciones detalladas para conseguir el mejor resultado.
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1
Infusión aromática de la leche: Vierte 500 ml de la leche en un cazo mediano junto con la rama de canela y la piel de limón. Lleva a fuego medio hasta que comience a humear sin llegar a hervir a borbotones. Retira del fuego, tapa el cazo y deja infusionar durante 10-15 minutos para que absorba todos los aromas cítricos y especiados. Cuela y reserva tibia. Reserva los 300 ml restantes de leche fría en un plato hondo para mojar las galletas. ¡Consejo de chef!: Asegúrate de no incluir nada de la parte blanca amarga del limón al pelarlo; solo la cáscara exterior amarilla aportará el toque fresco y elegante a la crema.
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2
Preparación de la crema pastelera sedosa: En un bol amplio, bate las 4 yemas de huevo con los 100 g de azúcar blanco y la cucharadita de vainilla hasta que blanqueen y doblen ligeramente de volumen. Añade los 45 g de maicena tamizada y mezcla con varillas hasta que no quede ningún grumo. Vierte un hilo de la leche tibia colada sobre la mezcla de yemas sin parar de batir para atemperar. Pasa toda la mezcla al cazo a través de un colador y cocina a fuego suave-medio, removiendo constantemente con varillas tocando el fondo, hasta que espese y adquiera una textura cremosa y brillante (unos 4-5 minutos). Retira del fuego de inmediato. ¡Consejo de chef!: Nunca dejes de remover con las varillas cuando comience a espesar; el calor del fondo espesa la maicena de golpe y un movimiento continuo garantiza una crema perfectamente lisa y sedosa.
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3
Baño de galletas y montaje de la base: En el plato con los 300 ml de leche templada (puedes añadirle una pizca de canela en polvo o un toque sutil de vainilla), sumerge las galletas María una a una durante 2 o 3 segundos por cada lado, lo justo para que se impregnen sin llegar a ablandarse del todo. Cubre el fondo de un molde rectangular desmontable (o fuente de cristal de 20x20 cm) con una capa uniforme y compacta de galletas, rellenando los huecos con trocitos partidos si es necesario. ¡Consejo de chef!: El punto de remojo de la galleta es la clave: debe salir húmeda pero aún firme. Con las horas de reposo en frío, absorberá la humedad de la crema y quedará con esa textura tierna de bizcochito que se deshace en la boca.
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4
Capas alternas de crema y galleta: Vierte la mitad de la crema pastelera templada sobre la primera base de galletas y alisa la superficie con una espátula de silicona. Coloca encima una segunda capa de galletas María remojadas con la misma técnica. Extiende el resto de la crema pastelera sobre las galletas y corona con una tercera y última capa de galletas remojadas, presionando ligeramente para que la tarta quede compacta y nivelada. ¡Consejo de chef!: Montar la tarta con la crema pastelera aún tibia ayuda a que las galletas absorban el aroma y se asienten mucho mejor entre las capas.
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5
Ganache de chocolate brillante y reposo en frío: En un cazo pequeño, calienta los 180 ml de nata para montar hasta que rompa a hervir. Retira del fuego e incorpora los 200 g de chocolate negro troceado. Deja reposar 1 minuto sin tocar para que el calor funda el chocolate y remueve con una espátula desde el centro hacia afuera en círculos hasta obtener una crema oscura y homogénea. Añade los 40 g de mantequilla a temperatura ambiente y mezcla hasta integrarla por completo para darle un brillo espectacular. Vierte la ganache sobre la última capa de galletas, cubriendo toda la superficie y dejando que caiga de forma uniforme. Decora con virutas de chocolate negro y refrigera en la nevera durante un mínimo de 4 a 6 horas (idealmente de un día para otro). ¡Consejo de chef!: La mantequilla al final de la ganache es el secreto de los maestros pasteleros para que la cobertura quede elástica, corte limpia y conserve un brillo de espejo al servir.
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