Pastafrola clásica argentina de dulce de membrillo casera
La pastafrola es el emblema indiscutible de las meriendas y los mates en Argentina. Una tarta casera tradicional nacida en el corazón de las familias rioplatenses, con una masa frola suave y quebradiza que se deshace en la boca, delicadamente perfumada con ralladura de limón y esencia de vainilla. En su interior atesora una capa generosa de dulce de membrillo denso, rubí y brillante, derretido al punto justo para mantener su jugosidad tras el horneado, rematada por su inconfundible enrejado de tiras doradas.
Ingredientes
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400 g Harina de trigo de repostería (tipo 0000)
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150 g Mantequilla sin sal a temperatura ambiente (a punto pomada)
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120 g Azúcar blanco
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2 unidad/es Huevos camperos
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1 unidad/es Yema de huevo (para pintar el enrejado)
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500 g Dulce de membrillo en bloque de calidad
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1 cdta Esencia de vainilla natural
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1 unidad/es Ralladura fina de limón
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1 cdta Polvo de hornear o levadura química
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3 cda Agua caliente (para ablandar el membrillo)
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Sal marina fina al gusto
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1 cda Coco rallado (opcional para decorar el borde)
Preparación paso a paso
Sigue las instrucciones detalladas para conseguir el mejor resultado.
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1
El cremado aromático de la masa frola: En un bol hondo, coloca los 150 g de mantequilla blanda (a punto pomada) junto con los 120 g de azúcar blanco. Bate con espátula o batidor de varillas durante 2-3 minutos hasta lograr una crema pálida y suave. Añade los 2 huevos de uno en uno batiendo bien tras cada adición, e incorpora la cucharadita de esencia de vainilla y la ralladura fina de limón fresco. La mezcla debe quedar homogénea y muy aromática.
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2
Integración de secos sin amasar (secreto de la masa quebradiza): Tamiza los 400 g de harina junto con la cucharadita de polvo de hornear y la pizca de sal. Vierte los ingredientes secos sobre la crema de mantequilla. Únelos con un cornete o con la punta de los dedos sin amasar ni friccionar, solo apretando la masa hasta formar un bollo tierno y suave. El gran truco hogareño: si amasas de más desarrollarás el gluten y la masa quedará dura en vez de esa textura 'frola' que se deshace en el paladar. Aplana ligeramente el bollo, envuélvelo en papel film y déjalo reposar en la nevera durante 30-40 minutos.
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3
Acondicionamiento del dulce de membrillo: Mientras la masa reposa, corta los 500 g de dulce de membrillo en cubos medianos y ponlos en un cazo pequeño a fuego muy bajo con las 3 cucharadas de agua caliente (o un chorrito de vino dulce/oporto si prefieres). Pisa los cubos con un pisapapas o tenedor resistente mientras calienta suavemente, hasta disolver los terrones y conseguir una crema de membrillo lisa, maleable, brillante y untuosa pero con cuerpo denso. Apaga el fuego y deja entibiar a temperatura ambiente.
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4
Estirado y forrado del molde tartero: Retira la masa de la nevera y separa aproximadamente una tercera parte para realizar el enrejado superior; resérvala en frío. Con las dos terceras partes restantes, estira la masa entre dos láminas de papel de horno o film con las palmas de las manos hasta lograr un grosor parejo de unos 4 a 5 mm. Forra la base y los laterales de una tartera redonda de 24 o 26 cm de diámetro (ligeramente engrasada o acanalada). Pincha suavemente la base con un tenedor para evitar que suba despareja.
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5
Relleno y el característico enrejado frola en rombos: Rellena la tartera con la crema de membrillo templada y nivela la superficie con el dorso de una cuchara húmeda. Estira la masa reservada y, con un cuchillo afilado o rueda de repostería, corta tiras finas de 1,5 cm de ancho. Coloca una primera tanda de tiras paralelas separadas por unos 2 cm sobre el membrillo. Luego, cruza la segunda tanda de tiras en diagonal para dibujar el clásico enrejado en rombos. Corta los bordes sobrantes y dobla el reborde de la masa hacia adentro presionando suavemente con un tenedor para sellar. Pinta con cuidado las tiras y el borde con la yema batida mezclada con una cucharadita de agua.
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6
Horneado dorado, reposo y servicio de mate: Lleva la pastafrola al horno precalentado a 180 °C (con calor arriba y abajo) en la altura media durante 30-35 minutos, hasta que la masa adquiera un tono dorado tostado uniforme y el dulce de membrillo burbujee suavemente en los rombos. Retira del horno y, si deseas el clásico toque de confitería porteña, espolvorea el borde caliente con la cucharada de coco rallado. Deja enfriar por completo antes de desmoldar y cortar para que el relleno tome firmeza perfecta. Sírvela a temperatura ambiente acompañada de unos buenos mates o un café recién hecho.
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