Risotto De Setas Silvestres Con Aceite De Trufa Blanca
¡Hola, corazones! Hoy os traigo el secreto mejor guardado de mi cocina: un risotto de setas que os va a hacer cerrar los ojos de puro placer. Es meloso, reconfortante y ese toque final de trufa blanca... ¡Ay, qué os voy a decir! Es perfecto para sorprender a vuestra pareja o hacer de una cena de sábado algo inolvidable. El truco (que nadie os engañe) está en el mimo: caldo bien caliente, remover sin prisa y mucho amor.
Ingredientes
Marca los que tengas listos o ajusta las raciones.
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350 g Arroz Arborio o Carnaroli
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1.5 litros Caldo de ave o verduras (muy caliente)
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1 unidad grande Cebolla dulce (o chalota)
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2 dientes Ajo
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80 g Mantequilla de buena calidad
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100 g Queso Parmigiano Reggiano (rallado al momento)
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400 g Setas variadas (Boletus, Portobello, Shiitake)
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150 ml Vino blanco seco
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2 cucharaditas Aceite de trufa blanca
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1 cucharada Cebollino fresco picado
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Sal y pimienta negra al gusto
Preparación paso a paso
Sigue las instrucciones detalladas para conseguir el mejor resultado.
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1
¡Manos a la obra! Primero, picamos la cebolla dulce y los dientes de ajo muy finitos. A su vez, limpiamos bien las setas con un papel húmedo (¡nunca bajo el chorro de agua!) y las troceamos. Ponemos nuestro caldo a calentar en una olla aparte; tiene que estar hirviendo suavemente todo el tiempo.
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2
En una cazuela ancha y baja (esto es importante para el risotto), derretimos la mitad de la mantequilla (dejamos la otra mitad para el final). Pochamos la cebolla y el ajo a fuego lento durante unos 10 minutitos hasta que estén transparentes y huelan a hogar.
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3
Subimos un pelín el fuego y echamos nuestras setas troceadas. Las salteamos durante 4 o 5 minutos hasta que empiecen a dorarse y hayan soltado su aguita. ¡Ese aroma ya alimenta!
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4
Añadimos el arroz en seco. Lo removemos bien durante unos 2 minutos para "nacararlo", es decir, hasta que los bordes del grano se vuelvan transparentes. ¡Este paso sella el almidón y es vital!
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5
Llega la alegría: echamos el vino blanco. Dejamos que haga "chup-chup" mientras removemos sin parar hasta que el alcohol se evapore por completo y el arroz se quede casi seco.
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6
Empieza el ritual del caldo: añadimos un cazo de caldo caliente. Removemos con mimo (yo uso espátula de madera) y, cuando el arroz lo haya absorbido casi todo, añadimos otro cazo. Así durante unos 16-18 minutos. Es una danza que no debemos interrumpir.
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7
Cuando el arroz esté al dente (cremoso por fuera pero con un puntito de resistencia en el centro), lo apartamos del fuego. ¡Ahora llega el momento mágico del "Mantecatura"! Añadimos el resto de la mantequilla fría y el Parmigiano rallado. Removemos enérgicamente para que emulsione. La magia cremosa ocurre aquí.
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8
El toque maestro: vertemos lentamente el aceite de trufa blanca. Rectificamos de sal y le ponemos unas buenas vueltas de pimienta negra. Dejamos reposar la cazuela tapada exactamente 3 minutos antes de servir.
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9
Emplatamos extendiendo el risotto por un plato llano bonito (¡no nos vale hondo!). Decoramos con el cebollino fresco recién picado y, si tenemos invitados de lujo, unas lajas extra de Parmigiano por encima. ¡A gozar se ha dicho corazones!
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Valoraciones (2)
Opiniones y experiencias reales de la comunidad gastronómica.
Buena receta, fácil y rápida. La haré más veces.
Muy rico y con mucho sabor lo he preparado y me quedo genial.
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